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Cuánto cuesta montar un asistente de IA con el conocimiento de tu empresa (y qué alternativas hay)

Es de las primeras preguntas que me hace cualquier empresa cuando hablamos de IA interna: «¿cuánto me costaría algo así?». Y la respuesta corta es incómoda: depende menos de la tecnología que de cómo la compres. El mismo resultado —un asistente que responde con el conocimiento de tu empresa— puede costarte una suscripción mensual o el precio de un coche, según el camino que elijas.

Vamos a poner números encima de la mesa y, sobre todo, a entender qué hay detrás de ellos.

Qué estás comprando realmente

«Conectar ChatGPT a mis documentos» suena a tarde de viernes, pero un sistema serio tiene muchas más piezas de las que se ven en una demo: la ingesta de tus fuentes (Drive, correo, chats, PDFs), el troceado e indexado de los documentos, el buscador semántico, el control de permisos por persona y departamento, la interfaz de chat, las integraciones con tus herramientas y —la parte que casi nadie presupuesta— la evaluación continua de que las respuestas son correctas. Cada una de esas piezas es trabajo de ingeniería. Y cada una necesita mantenimiento cuando los modelos y las herramientas cambian, que es constantemente.

El camino a medida: qué cuesta en 2026

Si contratas una consultora para construirlo desde cero, los rangos generales del mercado en 2026 se mueven así: un proyecto básico —una fuente de datos, un caso de uso acotado, sin grandes exigencias de permisos— suele arrancar en varios miles de euros. Un sistema completo, con múltiples fuentes, integraciones, control de acceso serio y despliegue en producción, se va con facilidad a varias decenas de miles. Son rangos orientativos, no el presupuesto de ninguna consultora concreta: cada proyecto es un mundo. Pero el orden de magnitud es ese.

Y falta la parte que rara vez aparece en la primera reunión: el mantenimiento mensual continuo, que se paga aparte. Los modelos de IA se actualizan cada pocos meses, los conectores se rompen cuando las herramientas cambian sus APIs, la calidad de las respuestas hay que vigilarla. Un sistema de IA abandonado se degrada; no es un armario que montas una vez y te olvidas.

¿Y construirlo dentro?

Existe una tercera vía: que lo haga tu propio equipo técnico, si lo tienes. El coste visible es el sueldo de esas personas durante los meses que dure; el coste real incluye lo que dejan de hacer mientras tanto y la curva de aprendizaje en un terreno donde los errores se pagan caros, sobre todo en seguridad y permisos. Al final es un proyecto a medida con otro nombre: tú asumes el desarrollo completo y el mantenimiento para siempre.

Proyecto cerrado contra producto que mejora solo

Aquí está la diferencia estructural entre caminos, más importante que cualquier cifra. Un proyecto de consultoría es una foto: se entrega, se factura y se acaba. El sistema que te entregaron en marzo es exactamente el mismo en noviembre, salvo que pagues otra ronda de desarrollo. Cada mejora, cada modelo nuevo, cada refinamiento de seguridad es un presupuesto adicional que sale íntegro de tu bolsillo.

Un producto por suscripción funciona al revés: es una película. Mejora cada semana para todos sus clientes a la vez, porque el proveedor vive de que el producto siga siendo bueno, no de facturarte horas. Cuando sale un modelo mejor, lo tienes. Cuando se refuerza la seguridad, te llega. Sin proyectos nuevos ni presupuestos extra.

Por qué la suscripción sale más barata (no es magia, es reparto)

La razón es aritmética simple. Construir bien las partes difíciles —multi-tenancy real, aislamiento por departamento, trazabilidad de cada respuesta, evaluación de calidad— cuesta lo mismo se use en una empresa o en cien. En el modelo de consultoría, cada empresa paga ese desarrollo completo desde cero, como si fuera la primera del mundo en necesitarlo. En el modelo de producto, ese coste se asume una vez y se reparte entre todos los clientes. Tú pagas una fracción del desarrollo, no el total.

Cuándo sí tiene sentido ir a medida

Honestidad: hay casos donde el proyecto a medida es la opción correcta. Requisitos regulatorios muy específicos, integraciones con sistemas internos que nadie más usa, o simplemente el tamaño y el equipo técnico para mantener un desarrollo propio durante años. Si ese es tu caso y la cuenta completa te sale, una consultora buena hará un buen trabajo.

Pero si eres una empresa de entre 20 y 150 personas, hacer la cuenta entera —desarrollo, más mantenimiento, más cada mejora futura— suele inclinar la balanza con mucha claridad hacia el producto.

Savia existe precisamente por esa cuenta. Quería que una empresa mediana tuviera el mismo nivel de sofisticación técnica que un proyecto a medida caro —multi-tenant real, espacios aislados por departamento, cada respuesta con su fuente citada— pagando una implantación acotada y una cuota de mantenimiento, no un desarrollo entero que sale íntegro de tu bolsillo. Al final, la pregunta correcta no es «¿cuánto cuesta un asistente de IA?». Es «¿qué parte de ese coste estoy pagando yo solo?».